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El abuso de alcohol y otras drogas constituyen un problema de salud pública

Delia C Hernández L Md psiquiatra, MSc Conductas adictivas, Directora General Fundar Colombia.

El consumo de alcohol y otras sustancias psicoactivas está asociado con dimensiones sociales cambiantes, representaciones culturales e imaginarios; afecta múltiples grupos poblacionales (diversidad) en un contexto de fácil acceso y disponibilidad. Genera problemas de salud mental, violencia, accidentalidad, maltrato intrafamiliar, abuso sexual, embarazos a temprana edad, conductas de riesgo par VIH/SIDA y otras enfermedades de alto costo, ausentismo escolar y laboral entre otros.

El consumo de drogas es uno de los 20 factores principales de riesgo para la salud en todo el mundo y uno de los 10 factores principales en los países desarrollados. Los trastornos relacionados con el consumo de drogas se vinculan con un mayor riesgo de contraer otras enfermedades, como el VIH/SIDA, la hepatitis, la tuberculosis y las enfermedades cardiovasculares, así como con un mayor riesgo de suicidio y muerte por sobredosis.

De acuerdo al informe mundial sobre drogas realizado por la ONUDD 2008 cada año mueren en el mundo 5 millones de personas a causa del tabaco y 2,5 millones a causa del alcohol, 200.000 por efecto de las drogas ilícitas.

205 millones de personas consumen drogas ilícitas en el mundo, de las que unos 25 millones tienen dependencia. Los consumidores problemáticos de drogas suman unos 27 millones, o el 0,6% de la población adulta mundial. Una de cada 100 muertes de adultos se debe al consumo de drogas ilícitas. ONUDD 2012.

Con respecto al consumo de marihuana en Colombia, un 57% de los consumidores puede ser considerado en abuso dependencia (250.000 personas). Con respecto a los consumidores de cocaína un 60% clasifica en los grupos de abuso o dependencia (cerca de 85.000 personas). Con el bazuco (asociado con patrones de consumo muy compulsivo) cerca de 26.000 clasifican para abuso y dependencia, es el principal motivo de ingreso a tratamiento.

De acuerdo al último estudio nacional de consumo de drogas en escolares 2011

Un 19,4% de los escolares del sexto grado declararon haber usado alcohol en el último mes, cifra que se eleva a un 39,2% entre los estudiantes de octavo grado, llegando a algo más de un 60% entre los estudiantes del último grado. Entre los consumidores de último mes de alcohol casi un 5% de ellos declara consumir diariamente, un 11,7% lo hace entre 3 y 6 veces por semana y 24,1% consume alcohol 1 a 2 veces por semana.

178 mil escolares declararon haber consumido marihuana alguna vez durante el último año, un 1,8% de los escolares de sexto grado, cifra que se eleva hasta 8,6% en el undécimo grado.

Se calcula que el 9 por ciento de las personas que consumen marihuana se vuelven dependientes de la misma (1 de cada 11 personas).

Esta tasa aumenta aproximadamente a 1 de cada 6 personas, o el 16 por ciento, en el caso de los consumidores que se inician en la adolescencia, y alrededor del 25 al 50 por ciento de los consumidores diarios de marihuana; adicionalmente la marihuana puede producir compromiso de memoria por su acción a nivel del hipocampo, compromiso de atención y de motivación (compromiso frontal), puede generar cuadros de ansiedad y problemas de aprendizaje; su uso se asocia con mayor probabilidad de presentar cuadros psicóticos especialmente si se consume en la adolescencia.

Datos como estos muestran que las políticas centradas en el control de la oferta y la prohibición del consumo de sustancias ilícitas no han funcionado. Se ha desatendido el problema del consumo de alcohol en menores de edad. El 70,8% de los escolares señalan que les resultaría fácil comprar alcohol y un 33,4% declara que les resultaría fácil conseguir marihuana, es decir.

Por otro lado la edad promedio del primer uso de sustancias psicoactivas esta alrededor de los 12 años para las sustancias legales: alcohol, solventes, tabaco; a los 13 años para Dick y bazuco y a los 14 años para marihuana, cocaína y éxtasis.

Con respecto a la percepción de riesgo un 58% de los escolares no percibe riesgo en tomar bebidas alcohólicas de vez en cuando, o el riesgo que le asignan es bajo y Un 22% de los estudiantes del país consideran que el uso ocasional de marihuana conlleva un riesgo leve, o simplemente no tiene riesgo.

Enfrentar el consumo no ha sido hasta ahora una prioridad. Hacerlo implica reconocer que el individuo establece una relación específica con las sustancias, con el intenso placer y otras ganancias que estas generan en el individuo ávido de tales sensaciones y con diferentes grados de vulnerabilidad frente a los efectos del consumo.

La prevención del consumo de alcohol, sustancias psicoactivas y otras conductas problemáticas, usualmente no es abordada en los currículos escolares, aunque forma parte del PEI, usualmente está restringido a actividades aisladas: conferencias, talleres o jornadas de escasas horas duración que no logran generar la reflexión que motive la acción que se pretende: evitar la exposición, retardar la edad de inicio en el consumo de alcohol, evitar el consumo de sustancias ilegales, restringir el consumo o buscar ayuda si este se está presentando.

Los centros de tratamiento para drogodependencias (CAD) son insuficientes en el país para atender la población que según los estudios necesitaría rehabilitación; la mayoría de ellos son de baja complejidad y no cuentan con los recursos humanos y técnicos necesarios para identificar otras patologías a nivel mental que pueden acompañar los trastornos adictivos en un 15-80% de los casos.

Se requieren medidas tendientes a reducir la vulnerabilidad de la población general y en particular de nuestros niños, niñas y adolescentes al consumo de alcohol y otras sustancias psicoactivas. Abordar de manera integrada los factores macro y micro sociales que influyen en la respuesta de nuestros jóvenes frente a la oferta de sustancias y que estimulan la elección de decisiones responsables y coherentes con el autocuidado.

Es fundamental implementar estrategias de detección (tamizaje) del consumo problemático de alcohol y consumo incipiente de otras sustancias y fortalecer los equipos de salud mental en diferentes niveles de complejidad para que puedan brindar una atención adecuada.

Identificar tempranamente y tratar con métodos basados en la evidencia científica, la dependencia de alcohol y otras sustancias psicoactivas; esto implica disminuir las barreras de acceso a tratamiento, mejorar la oferta y capacidad de atención de los centros de atención de drogodependencias.

Identificar tempranamente la comorbilidad mental, lo que implica atención especializada (psiquiatra).

Disminuir el impacto del consumo y evitar los daños generados por el estigma y la exclusión social asociada.

Y finalmente es fundamental destinar esfuerzos a desarrollar proyectos de prevención del consumo de alcohol y otras sustancias psicoactivas en instituciones educativas y entornos comunitarios; estos deben ser transversales, acordes con la edad y con las características étnicas y socioculturales de nuestras poblaciones y contexto de intervención. Deben involucrar a toda la comunidad educativa, su entorno y especialmente a la familia.

Datos como estos muestran que las políticas centradas en el control de la oferta y la prohibición del consumo de sustancias ilícitas no han funcionado. Se ha desatendido el problema del consumo de alcohol en menores de edad. El 70,8% de los escolares señalan que les resultaría fácil comprar alcohol y un 33,4% declara que les resultaría fácil conseguir marihuana, es decir.

Por otro lado la edad promedio del primer uso de sustancias psicoactivas esta alrededor de los 12 años para las sustancias legales: alcohol, solventes, tabaco; a los 13 años para Dick y bazuco y a los 14 años para marihuana, cocaína y éxtasis.

Con respecto a la percepción de riesgo un 58% de los escolares no percibe riesgo en tomar bebidas alcohólicas de vez en cuando, o el riesgo que le asignan es bajo y Un 22% de los estudiantes del país consideran que el uso ocasional de marihuana conlleva un riesgo leve, o simplemente no tiene riesgo.

Pero la interpretación de estos datos depende de la cosmovisión, sentimientos, valores, actitudes, creencias y paradigmas de cada cual y eso dificulta la comunicación entre los diferentes sectores involucrados en el problema y en la toma de decisiones, nos polarizamos entre prohibición o legalización, y cada postura plantea argumentos importantes y cifras económicas impactantes, pero, ni prohibición ni regulación del consumo de marihuana ni legalización del consumo serán medidas exitosas mientras no revisemos nuestras estructuras y desarrollemos procesos tendientes al fortalecimiento de los individuos y sus comunidades..

Enfrentar el consumo no ha sido hasta ahora una prioridad. Hacerlo implica reconocer que el individuo establece una relación específica con las sustancias, con el intenso placer y otras ganancias que estas generan en el individuo ávido de tales sensaciones y con diferentes grados de vulnerabilidad frente a los efectos del consumo.

Cuáles son los recursos de que debe disponer el país para enfrentar el abuso de alcohol y otras sustancias como un problema de salud pública?

La prevención del consumo de alcohol, sustancias psicoactivas y otras conductas problemáticas, usualmente no es abordada en los currículos escolares, aunque forma parte del PEI, usualmente está restringido a actividades aisladas: conferencias, talleres o jornadas de escasas horas duración que no logran generar la reflexión que motive la acción que se pretende: evitar la exposición, retardar la edad de inicio en el consumo de alcohol, evitar el consumo de sustancias ilegales, restringir el consumo o buscar ayuda si este se está presentando.

Los centros de tratamiento para drogodependencias (CAD) son insuficientes en el país para atender la población que según los estudios necesitaría rehabilitación; la mayoría de ellos son de baja complejidad y no cuentan con los recursos humanos y técnicos necesarios para identificar otras patologías a nivel mental que pueden acompañar los trastornos adictivos en un 15-80% de los casos.

Se requieren medidas tendientes a reducir la vulnerabilidad de la población general y en particular de nuestros niños, niñas y adolescentes al consumo de alcohol y otras sustancias psicoactivas. Abordar de manera integrada los factores macro y micro sociales que influyen en la respuesta de nuestros jóvenes frente a la oferta de sustancias y que estimulan la elección de decisiones responsables y coherentes con el autocuidado.

Es fundamental implementar estrategias de detección (tamizaje) del consumo problemático de alcohol y consumo incipiente de otras sustancias y fortalecer los equipos de salud mental en diferentes niveles de complejidad para que puedan brindar una atención adecuada.

Identificar tempranamente y tratar con métodos basados en la evidencia científica, la dependencia de alcohol y otras sustancias psicoactivas; esto implica disminuir las barreras de acceso a tratamiento, mejorar la oferta y capacidad de atención de los centros de atención de drogodependencias.

Identificar tempranamente la comorbilidad mental, lo que implica atención especializada (psiquiatra).

Disminuir el impacto del consumo y evitar los daños generados por el estigma y la exclusión social asociada.

Y finalmente es fundamental destinar esfuerzos a desarrollar proyectos de prevención del consumo de alcohol y otras sustancias psicoactivas en instituciones educativas y entornos comunitarios; estos deben ser transversales, acordes con la edad y con las características étnicas y socioculturales de nuestras poblaciones y contexto de intervención. Deben involucrar a toda la comunidad educativa, su entorno y especialmente a la familia.

Nos polarizamos entre prohibición o legalización, y cada postura plantea argumentos importantes y cifras económicas impactantes, pero, ni prohibición ni regulación del consumo de marihuana ni legalización del consumo serán medidas exitosas mientras no revisemos nuestras estructuras y desarrollemos procesos tendientes al fortalecimiento de los individuos y sus comunidades.

Porque hemos permitido que el consumo de alcohol se presente a edades cada vez más tempranas? Qué pasa con los controles sociales que nuestra comunidad tendría que desarrollar?

Cuál es la mirada que estamos fortaleciendo en las decisiones que en materia de drogas hemos asumido? Son políticas o son científicas, tienen en cuenta los diferentes grupos poblaciones afectados de manera directa o indirecta?; tienen en cuenta el contexto en el que se presentan? Nuestra historia, las características de nuestras poblaciones, las influencias que recibimos? Sin este desarrollo del ser humano, no tendría mucho sentido la organización social.

Es fundamental que los más jóvenes aprendan desarrollar autonomía, esto implica evaluar las consecuencias de su conducta en sí mismo, en su entorno más cercano y en toda su comunidad; el desarrollo individual lleva al desarrollo social; de lo contrario, se pierde la capacidad de crear y la tendencia será al estancamiento y la destrucción. Este es el riesgo que se corre cuando una sociedad opta por el excesivo control sobre las decisiones que deben de ser de los individuos.

El estatuto de drogas organiza conceptos de manera coherente y plantea iniciativas para el abordaje del problema del consumo de sustancias legales e ilegales, centra especial atención en la protección a los niños, niñas, adolescentes y gestantes y plantea del desarrollo de medidas que nos protejan de conductores bajo el efecto no solo del alcohol sino de otras sustancias psicoactivas y mira también el problema del incremento de consumo de medicamentos de control en la población, lo que no es claro es la manera como esto va a ser realizado, generar las estructuras que el proyecto plantea y hacerlo de manera adecuada implica altos gastos a un sistema de salud que está en crisis.

Resalta la importancia de realizar actividades de prevención integral en el sistema educativo, los lugares de trabajo, las cárceles y otros sectores vulnerables pero no está claro el cómo; transfiere a los municipios la competencia de asignar recursos para prevención y tratamiento y delega en los organismos estatales centrales la capacitación y supervisión. Tales medidas generan cuestionamientos que tienen que ver precisamente con la capacidad que tienen los entes territoriales para supervisar el cumplimiento de los criterios de habilitación en diferentes niveles de atención, la transparencia en la definición de los prestadores de salud, la asignación de proyectos y el manejo de los recursos. Como problema adicional tenemos el surgimiento de centros de atención de drogodependencias (CAD) no siempre idóneos y probablemente algunos fundados en la idea: “aquí hay un negocio con cerca de 300.000 adictos que necesitan tratamiento “así como recurso humano no siempre calificado, ofreciendo a las EPS servicios de atención para abusadores de sustancias a menores costos (menor calidad) y lamentablemente algunas veces avalados por psiquiatras. LA COMPETITIVIDAD POR ELCOSTO, NO POR LA CALIDAD.

 

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