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Patología Dual

Se calcula que una cuarta parte de la población mundial sufre trastornos mentales en algún momento de su vida. Los pacientes con trastornos mentales, neurológicos o por consumo de sustancias suelen ser estigmatizados, desatendidos y sometidos a abusos. Los recursos disponibles son insuficientes, están distribuidos de forma no equitativa y se usan de modo ineficiente. En la mayoría de los países solo se gastan en salud mental menos del 2% de los fondos disponibles para la salud. En consecuencia, una gran mayoría de las personas con estos trastornos no reciben ninguna atención en absoluto.

Se denomina 'Patología Dual' a la concurrencia en un mismo individuo de, por lo menos, un trastorno por consumo de sustancias y otro trastorno psiquiátrico. Estos pacientes 'duales' o con comorbilidad psiquiátrica, son frecuentes y presentan mayor gravedad tanto desde la perspectiva clínica como social que los sujetos que sólo presentan un tipo de trastorno (adictivo u otra enfermedad psiquiátrica. Los más frecuentes son: los trastornos del estado del ánimo tales como el trastorno depresivo mayor, trastorno afectivo bipolar tipo I y tipo II, trastornos psicóticos como por ejemplo la esquizofrenia, trastornos de ansiedad, trastornos de la conducta alimentaria trastornos por déficit de atención TDHA, y trastornos de la personalidad, los más frecuentes, la personalidad limítrofe y la personalidad sociopática.

Tanto los estudios llevados cabo en población general como los llevados a cabo en muestras clínicas refieren que la prevalencia de la concurrencia de trastornos por consumo de sustancias y otros trastornos psiquiátricos es elevada, situándose entre el 15-80%, la gran diferencia es debida a la heterogeneidad de las muestras, lugares de atención, consumo de múltiples sustancias, factores intercurrentes como infecciones por VIH y dificultades diagnosticas entre otras.

El paciente con patología dual debe ser atendido en un sistema integrado, es decir, en un sistema que garantice el abordaje de la adicción y la otra patología psiquiátrica de forma conjunta y simultánea y, además, a largo plazo, requieren un abordaje complejo con intervenciones a múltiples niveles: psicoterapéutico, farmacológico, familiar, neuropsicológico y de inclusión social.

La doctora Deborah Hasin de la Universidad de Columbia, desarrolló un instrumento para determinar la comorbilidad o patología dual en 1990, llamado PRISM (Psychiatric Research Interview for Substance and Mental Disorders), Marta Torrens del Hospital del Mar realizó la versión de dicha entrevista en castellano.

La PRISM evalúa 30 trastornos tomando como base el eje I (trastornos clínicos) del manual DSM (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. Se trata de una herramienta de diagnóstico que propone una descripción del funcionamiento del paciente a través de 5 ejes) y 2 trastornos del eje II (trastorno de personalidad), concretamente el trastorno antisocial y el trastorno límite, puesto que son los trastornos de la personalidad más asociados a los individuos que tienen un trastorno por consumo de substancias; se trata de una entrevista semi-estructurada en la que aparecen preguntas estandarizadas para explorar cada trastorno y preguntas abiertas para explorar mejor ciertos aspectos, todas ellas encaminadas a conseguir la información necesaria para evaluar el trastorno comórbido.

Se han establecido condiciones necesarias para la buena evolución de estos pacientes:

• Mantenimiento de la abstinencia: para el adecuado abordaje de la Patología Dual, es fundamental que el paciente permanezca abstinente a todo tipo de sustancias.

• Estabilización psicopatológica: la estabilidad psicopatológica de cualquier paciente psiquiátrico es fundamental para realizar un tratamiento clínico y rehabilitador.

• Adherencia a los tratamientos: es esencial que el paciente haga un correcto seguimiento de cada uno de los niveles de tratamiento: psicofarmacológico, psicoterapéutico o psicosocial.

• Participación en programas de fortalecimiento de habilidades sociales y prevención de recaídas.

• Reconocimiento de la enfermedad mental y trastorno adictivo para lograr mayor adherencia a los tratamientos requeridos.

• Participación del grupo familiar (si lo hay) en el reconocimiento de las patologías anteriormente mencionadas y la necesidad de la adherencia al tratamiento.

• Recurso humano especializado a cargo del tratamiento.

• Trabajo en red con otras organizaciones o asociaciones de las que forme parte el paciente.

 

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